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viernes, 14 de marzo de 2008

Por qué en el arte todo vale

La noción de arte en la Antigua Roma -ars- viene directamente del griego -τέχνη- que designa el buen hacer en los quehaceres humanos. Así, en la Antigüedad, el arte era más bien técnica, una clase de habilidad manual o mental para hacer algo, y cuyo practicante no era el artista, sino el artesano, pues en la Antigüedad el escultor, el zapatero, el pintor, el curtidor, el bailarín, el corista o el arquitecto se dedicaban al arte. Durante la Edad Media no cambiaron mucho las cosas y aunque durante el Renacimiento “las artes liberales” intentaron emanciparse de las “artes vulgares” las viejas categorías difuminaban las aspiraciones de artistas como Leonardo, que argumentaba que la pintura es un arte noble porque aunque existe un trabajo manual, detrás de este hay toda una serie de estudios que exigen un gran esfuerzo mental.

En el siglo XVIII y con la noción “Bellas artes”, se suponía por fin que el arte se separaba de los oficios. El concepto de arte cambia y aparecen las Bellas artes: Danza, pintura, escultura, poesía.... El artista obtenía reconocimiento y su objetivo quedaba claro: Belleza y mimesis. Ahora el arte tenía toda la categoría que se merecía: La obra de arte, se exponía en los nuevos museos como una monolítica y trascendente alabanza a lo sublime que nos rodea, adquiriendo su carácter quasidivino.

Desgraciadamente para los puristas, cuando los impresionistas empezaron a alejarse de la realidad las viejas categorías volvían a hacerse inútiles: El arte no tiene por que ser una reduplicación del mundo, ni tampoco un encomio a la belleza, primero porque lo bello es distinto en cada lugar y en cada época y segundo por que existe arte cuya forma es fea pero expresa bellos motivos. A partir de aquí el divorcio con la vieja noción Bellas Artes se hacía más fuerte a medida que se alejaban más y más del academicismo, el lenguaje artístico que podían desplegar a partir de las raquíticas teorías de lo que debe ser el arte se les quedaba corto y con el advenimiento del movimiento Dadá ésta descripción tenía que explotar. Pero no explotó. Hoy los Bodegones, paisajes y retratos fotográficos son arte sin ningún tipo de reservas, pero la mierda enlatada, le font, el arte abstracto y los aceros de Chillida suscitan al menos discusión sobre si son dignos o no de entrar dentro de la exclusiva categoría de arte.

Hoy todo el mundo habla delante de un lienzo o una escultura de belleza, realismo, originalidad, expresividad, frescura, compromiso... Aunque pensemos que hemos superado los anticuados modos de pensar el arte, seguimos usando reduccionistas descripciones como una “vara de medir” que ponemos al lado de un objeto para comprobar nivel de artisticidad. Si algo hemos aprendido de la historia de las artes plásticas es que la forma, función y objetivos del arte han variado muchísimo, no vayamos a pensar a estas alturas que los osados que ahora nos dicen lo que es o no es arte tienen la solución definitiva. Como dice Gombrich el arte es “un fetiche”, por que cuanto más te acercas a la categoría de arte más difusa se aparece, volviéndose etérea, escapándose de las manos. Después de esto, resulta difícil negar que cualquier cosa puede ser arte. Otro asunto es si vale la pena o no.

Votos a favor

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Editado tipo de letra por votación popular. Adolfo.