domingo, 21 de diciembre de 2008

Creo que estoy muerta: o de cómo perder la naturaleza en el Barrio Rojo

¿Se os ha ocurrido pensar qué es lo que pasaría si perdierais la creencia de que lo que estáis viviendo es real? Pero no sólo eso: ¿qué ocurriría si mantuvierais intacta vuestra capacidad de razonar, pero no hubiera absolutamente nada que os empujara a confiar en ella? ¿Y si no tuvierais conciencia de vosotros mismos como un ser que es capaz de actuar, sino únicamente como un automatismo que es consciente de lo que dice y hace tan sólo después de que esto haya ocurrido?

Probablemente (o no) lo primero que os viniera a vuestra dispersa mente serían Hume, Pirrón y otra media docena más de escépticos (e incluso Wittgenstein y su certeza, si frecuentáis este blog). Seguidamente, lo más probable es que el pánico comenzara a apoderarse de vosotros. O no. Pero eso fue lo que me ocurrió a mí.

Era sábado noche y yo cargaba sobre mis espaldas demasiado tiempo sin dormir. Ese mismo día había llegado a Amsterdam, tras unas cuantas horas de avión y tren. A las doce de la noche el cansancio era notable, pues había estado andando todo el día. El Barrio Rojo estaba lleno de gente, de extravagante gente; y yo caminaba entre ellos junto a un amigo en busca de algún Coffee Shop.

Medio porro de white widow fue todo lo que fumé. Después, para saciar mi descontrolado hipotálamo, decidí atiborrarlo con una cantidad ingente de azúcar proveniente de una bossche bol. Y así quedó mi cóctel: pocas horas de sueño, mucho cansancio, algo de marihuana y demasiado azúcar. ¿El resultado? Creerme muerta.

En una calle cualquiera, en un momento cualquiera -¡repentinamente!- algo raro pasó por mi cabeza. Recuerdo haber girado una esquina y haber sentido algo extraño; muy parecido a lo que se siente un instante antes de quedarse dormido. A partir de ahí todo fue raro. Sentía todo lejano; las cosas habían perdido 'algo', pero aún no sabía lo que era. La realidad ya no era tal.

Yo seguía hablando, de forma absolutamente coherente, pero no me daba cuenta de lo que decía. Al menos no en el mismo momento, sino unos segundos después, tras los cuales quedaba estupefacta al descubrir que seguía conversando de forma automática. ¡Y también andaba! ¿Cómo era posible eso? ¡Si yo no lo estaba haciendo!

Poco a poco, las cosas se tornaban cada vez más raras, menos reales, como si fuera un sueño. Yo cada vez tenía las manos más frías, e incluso había perdido el tacto. La conciencia que tenía era realmente extraña: percibía el mundo exterior como menos real, y también tenía pequeños apagones de conciencia que duraban, según estimo, algunos segundos, los cuales -evidentemente- no puedo recordar, pues tan sólo era consciente del momento en que salía de ellos.

Después de estos 'despertares', o 'momentos de lucidez' (así los llamaba yo conforme iba hablando en mi discurso automático) me esforzaba en razonar e, incluso, en realizar operaciones matemáticas para demostrarme que todo iba bien. Pero yo no sentía que las cosas fueran bien. El mundo exterior se me hacía irreal, pero a la vez era tremendamente coherente: yo seguía teniendo manos con diez dedos, razonando y leyendo perfectamente... pero todo eso no me llevaba a concluir que tan solo estaba sufriendo los efectos de mi cóctel, sino que la conclusión lógica para mí era la de que había muerto. ¿Salto deductivo? Quizás. Pero aquella percepción tan extraña de la realidad no podía sino ser debida a que estaba muerta. Y lo veía clarísimo. Y racionalmente intentaba pensar todo lo contrario, pero no me lo podía creer. No podía creer que estaba viva. Pero, entonces, si estuviera efectivamente muerta, ¿por qué era capaz de estar razonando? Simplemente porque mi cerebro no estaba apagado del todo aún, seguía entre la vida y la muerte, viviendo una alucinación y, probablemente, a punto de encontrarme con la luz del túnel en cuanto girara alguna otra esquina.

Yo, racionalmente, me daba cuenta de que eso no tenía ni pies ni cabeza. Pero mi racionalidad no era suficiente. Independientemente de cuánto acudiera a la realidad en busca de pruebas que justificaran mi existencia y su existencia, mi sentimiento me decía que aquello no era real: había perdido la naturaleza que me lleva a justificar, o a dotar de base, el uso legítimo de la razón.

Y es que, cuando se nos presenta un argumento escéptico, tal como aquel que dice que somos cerebros en cubetas, podemos considerarlo como plenamente coherente y racional al extremo, pero finalmente acabamos desechándolo porque realmente no podemos creer en él. Algo nos empuja a dejar los dictados de la razón, a dejar de buscar justificación última: simplemente, sentimos y creemos que es así. El punto clave es que yo no era capaz de esto. Mi razón había quedado totalmente desprovista de fundamento. No había nada que me hiciera creer que estaba viva: ni mis mejores razonamientos, ni las palabras de mi preocupado amigo, que se esforzaba en proporcionarme pruebas para abandonar mi descabellada creencia. Estar pensando (cuando tenía estos 'momentos de lucidez') y estar escuchando algo como 'estás viva porque yo estoy aquí contigo' no parecen implicar necesariamente que un individuo vaya a adoptar la creencia de su propia existencia. La evidencia cartesiana no era autoevidente para mí. Pienso luego existo no era más cierto que llueve luego me mojo. Y eso me aterraba. Me horrorizaba el hecho de dormir esa noche y no volver a despertar. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? En ese punto, apenas podía mantenerme de pie, estaba completamente exhausta, helada y agotada después de una hora de delirio.

Tras leer esto probablemente algunos me acusaréis de antimaterial, otros de dicotomizar emoción y razón y otros tantos de loca. Pero ninguno de vosotros tiene razón.

Por cierto: ahora ya sé que estoy viva.

11 comentarios:

pinos del mundo dijo...

Poca imaginacion la de tu amigo. Un buen bofeton o una buena patada en la espinilla al estilo 2ªB o unos palillitos entre las uñas, etc, te hubiesen hecho recobrar la creencia que habias perdido. Yo hubiera recurrido a lo fisico, no a lo argumentativo.

Un abrazo y felices fallas

boly dijo...

Por desgracia todo macho feminista, por mucho que lo sea, es por lo general machista: a pesar de lo que diga le cuesta mucho meterle una buena hostia a cualquier mujer.

Desconcierto y ver el mundo desde una perspectiva completamente opuesta a tus intuiciones más básicas; meterte en una piel absolutamente distinta a la tuya; un sí mismo en sí mismo y desde otro sí mismo. No sé de que te quejas... Cómo ser John Malkovich. Jo, yo tambiñen quiero, ¿y dices que estuviste tres días sin dormir? Eso puedo hacerlo.

Hermeneutizado por la via gadameriana dijo...

¿Hay alguien que piense que los FUDNAMENTOS de un argumentos son puramente racionales? (lo pregunto completamente en serio)

He de decirte que la conclusión a la que yo llego respecto de un argumento esceptico de ese tipo no es su negación por inverosimil, sino la aceptación de que hay ciertos argumentos que no "tienen sentido", que por un lado no pueden saberse ciertos o no y que por otro, son irrelevantes, ya que tanto si somos cerebros en cubetas como si no, no vale la pena reflexionar acerca de ello porque no va a cambiar mi percepción del mundo en todo caso.

El hecho de que tú creyeras que estabas muerta era por una alteración en tu percepción del mundo a la que estabas habituada, desde mi punto de vista, ya que el mismo razonamiento de tu apurado amigo es igual de invalido en cualquier otro momento.

A mí me sucedió otro tema... estaba zumbandome con un colega en el gimnasio y... de repente todo empezó a suceder más despacio. Mi colega me cuenta que empecé a ir muy deprisa. La explicación científica es que en momentos de mucha concentración el cerebro empieza a estimularse y a estimularse y se perciben las cosas con mucho más detalle. El efecto en mí mismidad (XD) era que el tiempo iba más mucho más despacio. Bueno, todo esto acabó con un uppercut de mi colega y yo en el suelo, ya que este efecto solo me duró alrededor de 15 segundos.

Aunque no celebremos el advenimiento de cristo redentor, yo agradezco la buena voluntad que se muestra en estas fechas...Así que ¡felices fiestas!

Por cierto, estoy con Pallarés ahora mismo y me dice que lo que siguen los reyes magos no es una estrella fugaz, sino... una estrelada. XD

boly dijo...

Estoy de acuerdo en que son irrelevantes, al menos para ti y para mí, pero si con ello intentas ampliarlo al resto de la humanidad, entonces no estoy de acuerdo. Descartes, al menos, no lo estaba, y necesitó a raíz de ese pensamiento inventarse una argumentación paraguay que le convenciese de una seguridad desde nuestro punto de vista absurda, pero desde el suyo, vital. Por tanto quizás no sea tan irrelevante, no al menos para algunos, que son muchos, personas que no se lo plantean sólo en estados mentales extraños. Con auto-convencimientos como el de Descartes tienen algo con lo que salir adelante: se adaptan a su inquietud. Nosotros no nos adaptamos porque no tenemos esa inquietud.
Quizás en ciertas circunstancias dudar no sea tan absurdo, al menos desde ciertos puntos de vista. Así, aunque a mí realmente me la sopla si estoy en un cubo, si soy sólo un programa o si simplemente soy producto de tu imaginación, creo que sería una experiencia digna experimentar qué se siente sintiendo algo tan jodidamente chungo como eso. No es fácil ver las cosas desde otro punto de vista, por mucho que nos esforcemos en comprender, sino sentimos “ser ese algo” no podemos saber qué es “ser ese algo”.

Por último... no creo que sea lo mismo la concentración profunda en una lucha de machos-machoques que un ultra-pedo-insomnio.

Kantiano hermeneutizable dijo...

Joder, este blog cada día está más decrépito. El siguiente tema, cuál será, ¿las divagaciones hermenéuticas después de digerir un plato de paella?

boly dijo...

Si al menos tus sutiles y graciosas intervenciones fuesen sutiles y tuviesen gracia... pero no =(.

chsss... estos principiantes son los que nos dan mala fama a los trolls de verdad. Mereces la muerte >=(. Que hay que adornar mejor los comentarios despectivos, cojones. Te perseguiré, sé donde vives.

- J a V i - dijo...

Contra Carlos:

Ojalá.


Contra more:

No es cierto. Para ser revolucionario no hace falta "creer" en el advenimiento de un nuevo orden social. Basta con estar en contra del actual.

Contra todos:

¿Tanto os costaría leeros un libro de Foucault - sólo uno, que los hay cortitos hombre - antes de criticarlo? Por eso de que criticar lo que se desconoce está feo...

- J a V i - dijo...

Me he rallado, iba para el texto de Carlos.

Soy un troll :'(

Irrelevante dijo...

Por lo que respecta al hecho en si, a la anécdota, no diré nada, puesto que no creo que sea el indicado. Probablemente sólo un neurofisiólogo pueda hablar con propiedad del asunto.

Y en cuanto a la reflexión filosófica, apuntar que, a mi modo de ver, tu razonamiento parte de la anticuada dicotomía razón-emoción. Todo el texto se sustenta en esa idea. Y creo que tengo bastante razón.

Un beso!

Fdo. R. Baños dijo...

Buenas noches: desde hace meses que sigo sus artículos (a través de su feed)y los diálogos que articulan en sus comentarios. Felicidades por dar vida a un espacio para la reflexión en Internet. En esta ocasión les escribo por una razón en particular. Administro un blog desde México y son varias personas las que colaboran conmigo. Una de ellas, Roxana, estudia actualmente filosofía y le he publicado algunos escritos, que reseñan libros escritos por filósofos. La cuestión es que sus escritos no han recibido hasta ahora ningún comentario, probablemente, porque requieren ser vistos por un lector que tenga mayor afinidad con el contenido que ella trabaja. Me gustaría pedirles que, por favor, visitarán mi blog y le dieran un vistazo a sus escritos y, si se animan, le hicieran algún comentario a sus escritos. Sé que quizá estoy siendo atrevido, pero no quise quedarme sin intentarlo. Les dejo los vínculos a sus escritos: Reseña 1 y Reseña 2. De antemano, muchas gracias por su atención y agradezco también cualquier comentario que le hagan a Roxana (sé que, bueno o malo, ella sabrá valorarlo). Saludos cordiales!

Carlos dijo...

A Kantiano Hermeneutizable, que preguntaba:

"El siguiente tema, cuál será, ¿las divagaciones hermenéuticas después de digerir un plato de paella?"

Decirle que la reflexión ya la ha hecho el ínclito Tobies Grimaltos, profesor de la casa. El enlace:

http://vistaparcial.blogspot.com/2009/01/la-paella-i-les-plomes-de-colors.html