domingo, 20 de abril de 2008

Del mecanismo innato de liberación, la psicología del mito y los aprioris de la razón

Algunos ejemplos ilustrativos de los efectos del llamado mecanismo innato de liberación (MIL) son:

- Las tortugas marinas ponen sus huevos en la arena, lejos del alcance de la marea. Cuando rompen los huevos, las pequeñas tortugas corren hacia el agua. Saben que deben correr, saben hacia donde, y saben que tienen prisa, y además, saben nadar y saben que deben hacerlo.

- Lo primero que ve un pato recién nacido se convierte indefectiblemente en su madre.

- La hembra del cuco pone sus huevos en un nido cualquiera de un pájaro cualquiera. No existen nidos de cuco. Cuando el pequeño cuco sale de su huevo procede a empujar fuera del nido al resto de huevos, siendo el propio cuco el único polluelo que es alimentado por sus padrastros.

- Un pollito cualquiera correrá espantado a esconderse bajo una cornisa cuando vea en el suelo la sombra de un halcón, aunque no hay visto jamás un halcón y aunque esa sombra proceda de un halcón de madera artificial. El pollito no huye si la sombra es de gaviota, aun siendo éstas extremadamente similares.

Son éstos algunos ejemplos de conductas no adquiridas que se producen universalmente en animales. A poco que sepa uno de biología y de teoría evolutiva, es claro a toda luz que el mecanismo que impulsa estas reacciones es de tipo genético, impreso en la estructura del ADN, producto de una transformación adaptativa. Pero, ¿podemos hablar de mecanismos similares en relación al hombre? Obviamente si, pero ¿y en relación a los conceptos mentales del hombre? A riesgo de parecer un sucio neokantiano, hablaré hoy de un tema sobre el que he estado leyendo últimamente: la psicología del mito y la interesante hipótesis de que la estructura básica de los mitos es universal y está contenida en la estructura génica. ¿Está la imagen de la bruja impresa en el sistema nervioso del niño igual que la del halcón lo está en el polluelo? Esperemos que no, porque eso abriría la puerta a los aprioris de la razón kantianos. Pero por algún sitio hay que empezar, y la psicología parece un buen camino. Y la psicología del mito me ha parecido terriblemente interesante, aunque supongo que la mayoría de vosotros (sobretodo Hermeneutizado) me reprocharéis que es un tema aburrido y que esta página no es lugar para estos temas. Pero a partir del análisis de este fenómeno puede iniciarse una reflexión a posteriori de lo más interesante, como ya he apuntado, sobre el tema de los universales y los aprioris, conceptos innatos y demás vacuidades kantianas.

Desde la psicología de Sigmund Freud y Carl Jung se llama la atención a una serie de imágenes, arquetipos (en Jung) o ideas universales que subyacen a la mente humana.

La imagen primaria (urtümliches Bild) que he denominado ‘arquetipo’, siempre es colectiva, es decir, común por lo menos a todos los pueblos o periodos de la historia. Los principales temas mitológicos de todos los tiempos y razas son, probablemente de este orden. Por ejemplo, en lo sueños y fantasías de neuróticos del grupo Negro puro he podido identificar una serie de temas de la mitología griega’

Pero entonces, y aunque sea ir demasiado deprisa, cabría preguntarse por la procedencia de esas imágenes primarias comunes. Al respecto Jung apunta:

La imagen primaria es un depósito de memoria, un engrama, derivado de una condensación de innumerables experiencias similares... la expresión psíquica de una tendencia natural anatómica y fisiológicamente determinada’ (ambas citas de C. G. Jung, Psychologische Typen, Zurich; Rascher Verlag, 1921, p. 598)

Y en torno a este asunto, realizó un comentario especialmente ilustrativo un profesor de nuestra querida facultad hace unos días. Dicho profesor, al ser llamada su atención por parte de un alumno con respecto a los arquetipos de Jung o alguna cuestión de índole semejante, apostilló que creer en semejante cosa significa necesariamente defender una suerte de lamarckismo cabrero, con su ley de la herencia de los caracteres adquiridos. Y tiene razón, claro. Se podría hablar aquí, a su vez, de la pseudoteoría sarcástica-científica de los memes de Richard Dawkins, ese ínclito varón peinado con cortinilla. Pero pese a todo, hay otro planteamiento posible que no presupone esa herencia lamarckiana a priori inaceptable.

Se trata de buscar experiencias comunes en la vida de todo ser humano y estudiar las imprentas que dejan en la psique, y en qué forma permanecen. Rastrear las huellas indelebles impresas en el sistema nervioso a partir de una serie de experiencias traumáticas o etapas influyentes que todo ser humano vive, en todo tiempo y cultura. Hablo de cosas como la experiencia del nacimiento, la concepción del universo del lactante, la envidia de pene/vagina castradora o el complejo de Edipo/Electra.

Durante el nacimiento se produce una copiosa acumulación de sangre, sumada a una agobiante sensación de asfixia que se produce antes de que los pulmones del bebé empiecen a funcionar por si mismos. ¿Puede ser que desde ese terrible momento asociemos inconcientemente el terror con estos síntomas? ¿será esta la clave que nos permita comprender por qué ante un ataque súbito de miedo se producen inevitablemente ansiedad, estrés, congestión de la circulación, detención del aliento e incluso amnesia en casos concretos?, ¿será la respuesta física concreta al terror, en parte (y sólo en parte), reflejo del trauma del nacimiento? Mientras el niño permanece en el útero, su estado es de bienaventuranza estática. El útero es el paraíso de calma infinita, nacer es la expulsión del edén. Y cabe decir aún, cuando el hombre de neandertal entierra a sus muertos en posición fetal, ¿trata de representar un regreso simbólico del cuerpo al útero de la madre Tierra (madre de plantas y animales)? La experiencia del nacimiento es universal y de ella parecen derivarse (o puede parecer que se derivan) una serie de mitos universales. ¿Cuántos mitos existen sobre aguas primordiales, increíbles extensiones de agua increada al principio de la creación? Son casi tantas como civilizaciones sobre la faz de la Tierra.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.’ (Génesis 1:2)

Después de la experiencia del nacimiento, puede ser interesante explorar la concepción que del mundo tiene el niño lactante. Para el recién nacido, el universo no está gobernado por leyes físicas o lógicas, sino que es un continuum de conciencia, que es tanto físico como psíquico. No distingue su interior del exterior. Su universo es una red de movimientos intencionados que tienden al bien del bebé. Y el bebé encantado, claro. Cuando tiene hambre, la comida aparece en su boca. Cuanto tiene sueño, encuentra su cuerpo sobre un lecho mullido. El bebé es omnipotente en su mundo, señor y demiurgo. Cuando quiere que ocurra algo, generalmente ocurre. ¿Podría ser este el origen de la magia? Pero, ¿y cuando la madre no acude y surge el terror?, ¿se convierte así la madre en la bruja? No estamos hablando de ideas innatas pues, sino adquiridas. La magia, la figura de la bruja, la paz y el terror, las aguas primordiales, serían conceptos mentales adquiridos, pero adquiridos en la más tierna infancia y de manera universal.

De la envidia de pene y el complejo de Edipo habría que decir mucho también. Las teorías freudianas de la envidia de pene y del complejo de Edipo o Electra (su contrapartida femenina) son más o menos conocidas. Según el padre del psicoanálisis y maestro de la sospecha, el niño desea matar al padre para quedarse sólo con la madre, pero tiene miedo al castigo del castrado cuando descubre la ausencia del pene en la niña. El padre entra en el mundo del niño en el papel de ogro malvado, de gigante de cuento. Y sin embargo el efecto que se produce es paradójico. El niño, ante el peligro de la madre tentadora que seduce su imaginación hacia el incesto y el parricidio, opta por rendir culto al padre, por refugiarse en su brazo protector, por idolatrarlo hasta el extremo, ¿hasta el punto de crear al dios padre como extrapolación directa, quizá? ¿Puede ser esta actitud mental de sumisión al padre, sumado al rechazo de la mujer y todos sus encantos y hechizos, el origen del patriarcado y el dios masculino? Personalmente no creo que pueda irse tan lejos en este asunto (y estoy lejos de suscribir todas las hipótesis que estoy planteando), pero la mera posibilidad me parece de lo más interesante.

Y en el último ejemplo se ve ya el germen de una nueva reflexión. Presupongo que nadie en sus cabales defiende la teoría kantiana de las formas de la sensibilidad, los conceptos el entendimiento, las ideas de la razón (mundo, alma, dios, Papá Noel) y demás majaderías semejantes. No hay conceptos innatos universales, ni imperativos, ni categorías ni buena voluntad que valga pero, ¿y conceptos universales grabados en el sistema nervioso producto de experiencias universales? Leer sobre este tema, aun siendo un asunto lejano al ámbito de la filosofía académica estándar, me ha recordado y conducido hacia los aprioris kantianos y no he podido evitar establecer el paralelismo.

Al fin y al cabo, si dichos contenidos psicológicos existen, ¿no son a todos los efectos lo mismo que los aprioris kantianos? Si todos los mitos y cuentos para niños existentes son producto de una base común de raíz milenaria y necesariamente dada, entonces ¿no es eso lo mismo que decir que cosas como el mito de las aguas primordiales, la bruja castradora, la perdida del paraíso original o el padre-ogro gigante son innatos? ¿Dónde estriba la diferencia a la hora de la verdad? Hablando del sistema nervioso uno pierde de vista donde acaba la causa y empieza el efecto. Preguntas ociosas que hacerse un domingo por la tarde cualquiera, amigos.

Pero en este asunto como en tantos otros, prefiero suspender el juicio hasta nueva orden, tras realizar la oportuna reflexión, porque como dijo el ínclito, el maravilloso, el de los dedos vertiginosos, Javier Krahe, “Prefiero caminar con una duda que con un mal axioma”. Ahí queda pues el texto y mi reflexión.

Besos a todos desde la facticidad: a lectores, miembros, profesores que nos leen a escondidas desde sus despachos sumidos en la penumbra, a Manu Chao, a J. G. Roca, a Imma, a Momo y especialmente a mi chica que me estará leyendo desde casa.


Carlos



20 de abril de 2008

9 comentarios:

more_ dijo...

¡Menudo domingo, Carlos!

Primero, darte la enhorabuena por lo que has parido (o al menos por el esfuerzo) y, segundo, decirte que me has dejado algo descolocada con una pregunta que has lanzado abiertamente, así como con toda la argumentación que sigue...

"¿Puede ser que desde ese terrible momento asociemos inconscientemente el terror con estos síntomas?"

Primero puntualizar, para quien no ubique el extracto, que estamos hablando de los síntomas que se dan en el bebé a la hora de nacer, esto es, resumidamente, acumulación de sangre y sensación de asfixia. Llevo un buen rato intentando entender la pregunta y, sobre todo, por qué te haces esa pregunta.

Tras un rato, creo haber comprendido que el porqué de la pregunta radica en tu negativa a caer en un a priori kantiano, lo cual te hace esforzarte en buscar experiencias universales para poder fundamentar ciertos mecanismos innatos a todas luces. ¿Y por qué el miedo a la genética?

Yo creo que es bastante más sencillo decir que esos mecanismos vienen con nosotros de serie, que son fruto de la selección natural y que están íntimamente ligados a nuestra forma de funcionar.

Por otra parte, en cuanto a la pregunta en sí... pues creo que la respuesta es que no. El terror simplemente es la racionalización de una emoción: un sentimiento. Tiene su componente biológico, su componente cultural y su componente biográfico. Todo esto moldea nuestra racionalización de las emociones, e intentar buscar un punto común donde aparecen se me hace un tanto absurdo. Además, si no apelas a que esa sensación de asfixia y esa acumulación de sangre no son biológicamente deseables (esto es, no son buenas para el organismo) de difícil modo podrás establecer la racionalización de ello como algo que causa miedo y, por ende, aversión.

"¿Está la imagen de la bruja impresa en el sistema nervioso del niño igual que la del halcón lo está en el polluelo? Esperemos que no, porque eso abriría la puerta a los aprioris de la razón kantianos."

No sé muy bien cómo entender esto. Supondré que no es del todo una broma y que algo querías decir con ello. Vamos a ver, la imagen de la bruja no está contenida en la mente de ningún niño, pero ciertos rasgos suyos sí que están asociados innatamente con el peligro. Por ejemplo, una piel dañada es percibida como un signo de alarma y suele ponernos en alerta.

"Para el recién nacido, el universo no está gobernado por leyes físicas o lógicas, sino que es un continuum de conciencia, que es tanto físico como psíquico. No distingue su interior del exterior"

Esto me parece falso. Pero falso con ganas. Curiosamente, ayer vi una charla de una neuróloga que explica, entre otras cosas, las diferencias que existen entre ambos hemisferios cerebrales a la hora de percibir el mundo y a la hora de "proyectar" una conciencia.

http://es.youtube.com/watch?v=UyyjU8fzEYU

Básicamente, lo que exponía era que el hemisferio derecho piensa en imágenes y se encarga del presente, además, "se siente" mucho más conectado a los flujos de energía que tiene a su alrededor; en contraposición, el hemisferio izquierdo tendría un pensamiento lineal, encargado del pasado y del futuro, y se separaría más claramente del entorno, llevándonos más hacia una concepción individual. En esta misma conferencia, Jill Bolte Taylor explica el día que tuvo un ataque cerebral y explica también cómo su percepción de la realidad cambió totalmente, de modo que era incapaz de definir las fronteras entre su cuerpo y el resto del mundo, algo así como que sus moléculas se fundían con las del "exterior" y sentía que todo era energía.

Todo este rollo viene para decir que, efectivamente, tenemos mecanismos innatos que nos hacen percibir el mundo de una manera y no de otra, por mucho que luego la cultura pueda mediar en ello (lo cual es indudable). Y no por ello creo que se traten de los anticuados aprioris de la razón kantiana. De hecho, el propio Damasio habla de "conocimiento innato", nada kantiano:

"El conocimiento innato se basa en representaciones disposicionales en el hipotálamo, el tallo cerebral y el sistema límbico."

Por otra parte, además, también tenemos mecanismos (esos que le fallaron a la neuróloga) que se encargan de saber dónde comienza y acaba nuestro cuerpo, así como en qué posición estamos, etc. Ejemplo tonto: ¿de qué modo podrías saber en qué posición te encuentras cuando estás a oscuras o cuando no tienes percepción visual? Además, el hecho de que nuestro cerebro contenga "mapas" sobre nuestro cuerpo (permitidme hacer esta distinción cuerpo/cerebro sólo para entendernos) explicaría también los fenómenos que se dan en gente que ha perdido algún miembro y lo sigue sintiendo o nuestra capacidad para poder localizar sensaciones como el dolor.

El niño tiene ya esos mecanismos, pues son tremendamente básicos.

"Su universo es una red de movimientos intencionados que tienden al bien del bebé."

Pues tampoco... Primero, los niños lloran, y lloran por algo. Bien porque tienen hambre, sueño, les duele algo o les apetece que les hagan carantoñas, pero creo que sí que podríamos estar hablando de cierta noción de causalidad, pues "saben" que su llanto es el medio de comunicación que tienen. Recientemente, se hizo un
estudio
que demostraba que los niños pueden "intuir" las intenciones de aquellos que los rodean. Y cito: los pequeños ya tienen la capacidad de evaluar las intenciones de la gente que los rodea y reconocer a amigos y enemigos.


Y en lo de Edipo y compañía creo que ni voy a entrar, pues me parece una tontería como una catedral de un hombre que veía sexo en todos los lados.

En fin, creo que para mostrar que hay ciertos comportamientos, conceptos mentales o psicológicos que tienen algo de universal no hace falta recurrir a Kant, ni a cuentos basados en Freud que poco tienen que ver con la realidad.

"No hay conceptos innatos universales, ni imperativos, ni categorías ni buena voluntad que valga pero, ¿y conceptos universales grabados en el sistema nervioso producto de experiencias universales? [...] ¿no son a todos los efectos lo mismo que los aprioris kantianos?"

Efectivamente, no creo que haya imperativos, ni categorías, ni buena voluntad innatos... pero sí que hay cierto conocimiento innato. Aceptarlo no lleva a Kant, pues aunque podrían ser de cierto modo comparables, tampoco creo que el hombrecillo de Konigsberg estuviera haciendo referencia a lo mismo que se hace hoy en día con tales afirmaciones. En fin, los ejemplos de experiencias universales que has propuesto, además de parecerme innecesarios, no me han convencido para nada, pues lo único que puede llevarnos a tener la misma experiencia, es tener la misma biología (modelada, como ya he señalado, por nuestra cultura y nuestra biografía).

Por último, quiero disculparme por esta redacción cabrera, pues es domingo, me duele la cabeza y no estoy para estos trotes.

¡Besos!

PD: No he llegado a comprender tu problema con la memética. ¿Me lo explicas? ;)

Adolfo dijo...

Saludos.

Enhorabuena Carlos por tu texto. Me ha gustado mucho. No obstante, estoy de acuerdo con More en que es igual de cabra o más recurrir al psicoanálisis y las pseudoteorías freudianas para refutar al kantianismo que el kantianismo en sí mismo.

No obstante, no estoy de acuerdo con dos cosas que ha mencionado More.

1. Lo de los dos lados del cerebro es una cabra de proporciones astronómicas, pues se puede vivir con medio cerebro:

http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/vivir-con-medio-cerebro.html

A mi modo de ver, la ciencia logrará explicar satisfactoriamente cómo funciona el cerebro humano, pero los actuales neurólogos demuestran su enorme estupidez al ponerse a hacer teorías sobre la conciencia y la mente.

2. El estudio de los bebés me parece igual de cabra o más, al menos en la manera de expresarlo del periodista. Decir cosas como "Demuestran que la empatía, el acercarse a una persona que hace el bien, es una capacidad innata del ser humano" o "Según una nueva investigación en Estados Unidos, los bebés pueden juzgar la maldad y bondad de los otros antes de cumplir un año." demuestra un alto grado ignorancia y uno más alto de intenciones cristianas.

Besitos y abrazos atizador-filosóficos para todos.

P.D: Aprovecho para dar la bienvenida a Imma y la malvenida a Jara21.

more_ dijo...

Hola Adolfo,

Vamos a ver, creo que la visión del cerebro que intenta transmitir esta neuróloga no es tan "frenológica" como parece; de hecho, creo que hoy en día no se puede sostener una visión "troceada" del cerebro, sino que hay que comprenderlo de un modo integrado, de forma sistémica. Me parece que su énfasis en esa "personalidad" de cada hemisferio tiene como objetivo introducir la reflexión acerca de nuestra percepción de la realidad y sus bases biológicas. Es decir, el hecho de que nuestra concepción del mundo y de nosotros mismos viene dada por unas estructuras materiales que funcionan de determinada manera.

Ciertamente, la capacidad que tendríamos de funcionar sólo con medio cerebro es debido a un esquema de sistema (capaz de redistribuirse nuevamente) y no a una imagen troceada (quitándonos una parte del cerebro acabarían con las funciones que allí, concretamente, tuvieran lugar). De cualquier modo, tampoco es tan maravillosa esta operación y, ciertamente, medio cerebro no tiene las mismas capacidades que uno entero.

De hecho, en la misma página a la que tú nos enlazas, vemos que dice: "cuando un hemisferio procesa algo visualmente y el otro hemisferio se tiene que encargar de verbalizar lo que este ha visto y cómo el cerebro se «las ingenia» para pasar la información de uno al otro". Lo cual nos llevaría, nuevamente (y con cuidado de no caer en simplificaciones absurdas) a pensar en que existen ciertas diferencias entre ambos hemisferios y que ambos llevan a cabo algunas funciones distintas.

Por otra parte, creo que te has pasado un pelín tildando de cristiano el artículo sobre los niños sólo porque se atreve a usar la palabra bien. Que el bien absoluto no existe y que la buena voluntad y demás es una milonga, es algo que fácilmente todos podríamos aceptar (excepto kantianos remilgados), pero no estoy dispuesta a dejar de usar ese vocablo cuando se hace de forma relativa.

Por supuesto que puedo decir que si alguien me cobija en su casa y me da alimento cuando yo me encuentro desvalida, está haciéndome el bien; así como que si alguien me pega con una piedra en la cabeza, está haciéndome el mal. Lo cual no implica un juicio moral sobre esa persona: se trata tan sólo de una evaluación que yo hago acerca de lo que puede ser beneficioso para mí.

Lo que se está queriendo demostrar en el artículo es que los niños son capaces de darse cuenta de qué personas les harán el bien a ellos, esto es, de qué personas podrán ayudarles a conseguir sus objetivos (entiendo objetivos de forma amplia, desde la supervivencia a cualquier necesidad). No se trata de caridad cristiana: se trata de que si me dan a elegir entre un hombre que va a tirarme montaña abajo u otro que va a ayudarme a conseguir mi meta, racionalmente elegiré al segundo. Nada metafísico.

Por último, creo que está muy feo eso de darle la malvenida a alguien :( Así es que me gustaría aprovechar para saludar a Jara21 y agradecerle sus aportaciones a este blog.

¡Besos hedonistas para todos!

Adolfo dijo...

"I am an energy being connected to the energy all around me through the consciousness of my right hemisphere. We are energy beings connected to one another through the consciousness of our right hemispheres as one human family" [Traduzco por cortesía: 'Yo soy un ser de energía conectado a la energía que hay por todo mi alrededor a través de la conciencia de mi hemisferio derecho. Somos seres de energía conectados uno a otro a través de la conciencia de nuestros hemisferios derechos como una familia humana'].

A mi las palabras y los gestos de esta señora me resultan asquerosamente clericales, lo siento.

Sin embargo tu explicación, que a mi modo de ver no se deduce de la conferencia de esta señora sino de tu maravillosa (y lo digo en serio) cosecha personal, si que me parece interesante y me alegro de que mi comentario te haya emplazado a realizarla.

En cuanto a lo de los niños, hago una reflexión similar. Del artículo no se deduce que ni el periodista ni los científicos tengan claro que no hay bien absoluto y tan sólo para alguien entrenado en distinciones es válida tu distinción entre 'el bien para mi' y el bien en general, por lo que el artículo me sigue pareciendo cristiano, sobre todo cuando tilda alegremente de 'buen samaritano' a la marioneta que ayuda a subir la montaña.

Habría que examinar con más detenimiento el experimento que se hizo con los desafortunados bebés. A mi frases como "Al final de la presentación, los investigadores estimularon a los bebés a que eligieran alguna de las marionetas, la triangular o la cuadrada, para analizar su respuesta.", me dan un pánico terrible. Pero no por consideraciones con respecto a los bebés y su bienestar, que también podrían hacerse, sino porque despiertan en mi una alerta de falta de rigor.

Me resulta aburridamente evidente que distinguir entre las cosas que nos pueden servir y las que no es algo que de algún modo viene 'de serie' como te gusta decir, y que esa distinción incluye al resto de seres humanos. Lo que ocurre es que cada cultura modela esas 'prestaciones' (que por otro lado varían enormemente de un individuo a otro) a su modo de forma que algunos individuos pueden llegar a perderlas y otros pueden desarrollarlas mucho más de lo que sea frecuente.

Cambiando de tema (en realidad no), estoy ansioso por comprarme el 1er número de 'Popular Science', una revista que promete hacerme reír mogollón con su fanatismo científico y sus innumerables imprecisiones e insensateces que nos intentarán vender el capitalismo cábrico de bienestar universal y absoluto, el catolicismo guay y sus valores puritanos y la bienaventuranza eterna del dominio tecnológico. Os animo a todos a que la compréis y disfrutéis del éxtasis consumista conmigo.

¡Saludos, abrazos y cachetes pseudo-hedonistas a todos!

P.D: Es cierto que dar malvenidas está feo y lo sabía incluso antes de darla.

Anónimo dijo...

Sobre la entrada de Carlos:

Se me ocurre, así a bolapié, una pequeña crítica. Eso que tú llamas "experiencias universales", a mi modo de ver, de universales tienen poco. El ejemplo freudiano de la envidia de pilila y tal y tal es una experiencia - de dudosa existencia, por otra parte - que, en caso de darse, ocurre dentro de un determinado modelo familiar, a saber: el esquema judeo-cristiano-masónico-occidental de familia heterosexual. Sólo se comprende que esto afecte a la psique de un bebé cuya personalidad se forja dentro de este modelo, asimilando sus roles y modelos (y no mola ponerse eurocéntrico). Freud podrá tener muchos méritos, pero, según he leído por ahí - de especialista en Freud tengo poco -, sus teorías contienen bastantes prejuicios patriarcales (¡nosotras parimos, nosotras decidimos!).

Respecto al tema de las malvadas brujas asesinas que se comen a los niños y las aguas primigenias, idem: son construcciones culturales imbricadas en cada sociedad por siglos de mitología; no niego que puedan cumplir el papel de fomentar ciertas emociones-experiencias (o incluso que, de forma relativamente natural, una vez se conocen tendamos a asociarlas); pero de ahí a que sean universales, me da que no. Una simbología cultural pretende que sus individuos la adopten como propia, y seguramente tenderá a imprimirse en lo más profundo de su psique (yo soy yo y mi circunstancia, cito por citar algo), pero es un proceso que requiere aprendizaje, tiempo y asimilación; un proceso artificial, reversible y cuya comparación con un apriori kantiano me parece muy forzada.

Y poco más se me ocurre. Si no he entendido correctamente tu texto, méteme brasa.

Ni abrazos afectuosos ni besitos, que hoy es lunes

- J a V i -

Anónimo dijo...

Bueno, prescindiré amablemente de las formalidades como presentarme o cosas por el estilo.

Quizás en un futuro me dedique a comentar a fondo tu entrada, argumentando y esas cosas, pero hoy el tiempo no me permite demasiado. Si quieres saber mi opinión me parece que existen mecanismos innatos en el hombre, aunque estos son necesarios pero no suficientes para el desarrollo de un individuo de nuestra especie.

Y que conste que he dicho mecanismos (cosas como la diferenciación yo-mundo, estructuras de memoria, el mecanisnmo de succión para no morirse de hambre...) porque me parece absurdo que la plasticidad cerebral humana contenga de algún modo conceptos o estructuras que son a simple vista culturales, pues ello presupondría una utilidad de los mismos sea cual sea el entorno en el que la especie humana se fuera a desarrollar.

Evidentemente puede estarse en desacuerdo conmigo, y si te interesa seguir esta línea de investigación te recomiendo la lectura de Noam Chomsky (que defiende que existe una gramática común a todas las lenguas que es innata) o de Jerry Fodor, su discípulo (que además considera que absolutamente todos los conceptos son innatos). Para comparar te diré que estudies los casos de niños ferales, en particular el de Gennie, que está más documentado por ser reciente.

Saludos.

Anónimo dijo...

Pero yo en realidad venía aquí a hablar de Kant (:P) porque o no lo has leído y vas repitiendo algo que ha dicho alguien por ahí o tu lectura del pobre Kant deja mucho que desear.

Vamos a ver, Kant no habla en ningún momento de conceptos a priori (bueno, sí, pero no conceptos en el sentido de bruja o cosas similares). Para él los únicos conceptos a priori son los conceptos puros del entendimiento, véase categorías, que lo que vienen ser únicamente son todas las posibilidades lógicas de expresar un juicio determinado. En la crítica de la razón pura la función de las categorías es la de ordenar las experiencias del mundo en juicios, posibilitándonos la expresión del mundo tal y como lo vemos.

Que, por cierto, para nuestro amigo Kant el espacio y el tiempo son a priori también, son intuiciones puras de la sensibilidad no conceptos ni nada de eso. Y eso de puro o de trascendental en Kant no quiere decir nada más que "condición de posibilidad de", en el caso del espacio y el tiempo condición de posibilidad de la experiencia y en el caso de las categorías condición de posibilidad de poder pensar (y por tanto expresar en juicios) los objetos.

Me asombro a mí mismo habiendo hecho un resumen así tan rápido de la Crítica de la Razón Pura, pero tampoco es que piense escribir otro libro igual de gordo. Quizás pienses que Kant considera innatos otros conceptos, como el de libertad, tras haber leído algo relativo a la moral. Pero tanto en su obra moral como en la crítica de la razón pura queda claro que, para Kant, la libertad es una idea trascendental (una idea que es condición de posibilidad de nuestra actividad práctica).

Y si quieres consultar esto último que te digo vete a la C.R.P y mira la tercera antinomia de la razón pura (contraposición necesidad/libertad). La conclusión más o menos es que la necesidad (o determinismo, si quieres) es innegable dados los resultados de la ciencia, pero que excepto para hacer ciencia no sirve para nada, puesto que alguien que se considere en un momento dado como determinado no podría actuar. Por eso la libertad debe presuponerse como condición para poder actuar (de ahí lo de idea trascendental). Por mucho que uno crea en el determinismo, a la hora de pedir un café tiene la ilusión (que él mismo puede percibir como tal) de que está pidiendo libremente un café porque le apetece. Esta realidad es a la que Kant apunta en esta antinomia.

Bueno, espero haber dejado clara la posición real de Kant en tan poco espacio, pero es que me duele ver creencias como que uno puede ser tildado de neokantiano por aceptar el innatismo de conceptos.

Saludos.

boly dijo...

A raíz de eso, de su "demostración" de libertad, últimamente (¿un año?) he tenido una duda al respecto, ¿establece la misma "necesidad" en lo que respecta a la idea de Dios? Como otro tipo de "condición de posibilidad de...".

Saludos Mr.Muerto.

Anónimo dijo...

Hola bola de pelos :P

La idea de dios en Kant puede considerarse similar a la idea de libertad. En la C.R.P se dedica más espacio a tratar de demostrar que las pruebas de la existencia de dios son falaces que el que dedica al respecto de la libertad.

No obstante, cuando Kant trata de la moralidad, considera que estas ideas deben ser necesariamente postuladas por la razón práctica. Lo que el conocimiento científico no puede demostrar ni conocer, la razón práctica lo terminará postulando.

Esto tiene sus problemas, está claro, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

Saludos putrefactos de un muerto descompuesto.